Los orígenes del cóctel: cómo se acuñó el término

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Mientras tenemos un cóctel entre las manos, no somos conscientes de que sostenemos un par de siglos de historia con nombres propios. Unas copas deudoras de su pasado y de quienes no solo bautizaron así a la mezcla de diferentes bebidas o destilados sino que, además, tomaron parte en su asentamiento como parte de nuestra filosofía.

Hoy por hoy, un cóctel forma parte de la identidad de los amantes de la ginebra. Una manera diferente de probar esta bebida, combinándola siguiendo los pasos de la coctelería clásica o bien permitiéndonos experimentar. Probando la creatividad de aquellos bartenders que juegan a crear tragos inolvidables y sensaciones únicas. Una forma de dejar su impronta en esa historia actual de la coctelería que evoluciona, crece y que se expande como auténtica filosofía por las barras del mundo.

Pero ¿cuáles son los orígenes del cóctel?, ¿a quién debemos esa maravillosa herencia de beber ginebra mezclada de maneras sorprendentes y con texturas asombrosas e inimaginables en una copa?

Hoy queremos pasarle revista a los orígenes del cóctel. A ese punto de partida desde el que ha evolucionado la creatividad tras las barras que podemos disfrutar hoy en día. Unas en las que la innovación, la originalidad y las sensaciones se conjugan casi como parte de la receta.

ORÍGENES DEL CÓCTEL

Como en muchos otros aspectos de la coctelería, los orígenes del cóctel cuentan con una fecha específica y, sin embargo, con mucho más pasado documentado. Aunque el término como tal fue acuñado mucho después, es interesante saber que la primera referencia que se hace a estas combinaciones de alcoholes, zumos, licores y otras bebidas data nada menos que del siglo XVI. Un dato que, si bien parece haber pasado desapercibido, encuentra tan solo un par de siglos después la primera prueba documentada de un cóctel con el Old Fashioned: una combinación con Bourbon que ya se bebía en el siglo XVIII.

Sin embargo, no sería hasta el siglo XIX cuando se acuñaría un término para calificar a estas combinaciones. Un momento en el que, jugando con su terminología originaria en inglés, el cóctel nacería de la suma de dos palabras que nada tienen que ver con el mundo de los alcoholes: la palabra británica para calificar a un gallo, “cock”; unida a otra tan singular como es “tail”, cola.

El cóctel de Betsy Flanagan

La explicación de este nombre, nuevamente, cabalga entre la consistencia histórica y la leyenda. Para algunos, el nombre es deudor de la presentación que se llevaba en la época y que incluía plumas de gallo. Una ocurrencia que se le atribuye a Betsy Flanagan: la camarera de una taberna de Nueva York que convertiría su afición por combinar alcoholes y decorar copas en un auténtico hito de la coctelería. Cuenta la historia que un soldado de origen francés, sorprendido por el brebaje que le preparó decorado con una pluma de gallo, exclamaría un vive le cock’s tail! como manera de conmemorar el combinado que ella le había preparado.

Más allá de este detalle romántico del que no se conoce a ciencia cierta la fiabilidad, para otros muchos la suma de palabras hace referencia a que los alcoholes que se consumían eran de baja calidad y procedían de las colas de la destilación. Sin embargo, hay una tercera rama para explicar el nombre del cóctel. Y, aunque no ha contado con la popularización de las dos versiones anteriores, también tiene su lógica. Y es que es así como se denominaba en Inglaterra a los caballos nacidos de un cruce de razas. Unos que se diferenciaban de los demás porque se les cortaba la cola como seña identificativa.

Aparición de la palabra cóctel

Sea cual sea el hecho que marcó los orígenes del cóctel, lo cierto es que la popularización de este nombre se daría a partir del siglo XIX. Un siglo en el que The Farmer’s Cabinet, una publicación estadounidense de la época, utiliza por primera vez esta palabra refiriéndose a un combinado no alcohólico. Sería solo tres años después, en 1806, cuando The Balance and Columbian Repository utilizaría por primera vez la palabra cóctel atreviéndose, incluso, a definirlo: “un cóctel es un licor estimulante compuesto por espíritus de cualquier tipo, azúcares, agua y bíteres”.

Años después y gracias al trabajo de Jerry Thomas con su primera guía de coctelería, el término cóctel comenzaría a tener un peso específico en el mundo de los destilados de entonces. Un peso que haría cumbre durante los más que luminosos años de la Ley Seca, en los que la prohibición se convirtió en articulador de la creatividad y en legado.

Porque no nos equivoquemos: más allá de saber de dónde viene la palabra, estamos en deuda con aquellos años en los que al amparo de la clandestinidad surgieron buena parte de las recetas clásicas que hoy disfrutamos.

Una época en la que tampoco se preguntaban por los orígenes del cóctel pero que, al igual que el nacimiento de esta palabra, dejaron su propia página en la historia de la coctelería.